Los que viven en Barcelona lo tienen muy claro: Sarrià es un barrio pijo. “Cheto” diríamos en Argentina. Recuerdo que, la última vez que estuve buscando piso, fui a ver un apartamento enano por la zona, muy cerca del Carrer Major de Sarrià. El piso era muy pequeño, no tenía cocina -sólo un mueble pequeño, un grifo y dos fogones como de camping- y la instalación para la lavadora estaba hecha en medio de la sala-habitación (era un ambiente único). Si bien su precio entraba dentro de mi presupuesto, me parecía desorbitado para lo que era el piso en sí. Esto mismo le comenté al comercial de la agencia, pero su respuesta fue rotunda: “El precio es correcto: esto es Sarrià, los propietarios piden más”.
De más está decir que no me quedé con ese piso. Sin embargo, gracias a esa visita -y al encuentro con uno de los comerciales inmobiliarios más pedantes que he conocido- conocí un barrio de Barcelona que me era completamente nuevo. Es pijo, es cierto, pero lo que tiene de pijo lo tiene también de atractivo y, como no, de fotogénico. Así que aquí os dejo con unas fotos de Sarrià en estos últimos días de invierno.





